Madrid, 27 de Abril 2013
En este momento de la historia de España, si a cualquier ciudadano se le pregunta qué piensa de La Corona, piensa irremediablemente en el duque consorte de Palma, Iñaki Urdangarín.
Un duque inmerso en una trama de corrupción. Un
duque que fue investigado en noviembre de 2011 por el caso Babel. Un duque
imputado por un supuesto delito de desviación de dinero público desde el puesto
de presidente que ocupaba en el Instituto Nóos. Un duque que fue destituido
desde La Zarzuela de sus actos oficiales. Un duque cuya presencia ha quedado
eliminada de página web de la Casa Real a excepción de su papel como
marido de la Infanta Cristina.
Ante este panorama, y sin olvidar los numerosos
casos de corrupción política que están de rigurosa actualidad en España, es muy
difícil, para los curritos, los
universitarios y cualquier ciudadano que no pertenezca a las altas esferas no
sentirse el único tonto del país.
Se estudian carreras durante cinco años, se
sobrepasan muchas veces las ocho horas al día trabajadas y por muy bajo que sea
un sueldo, se paga religiosamente tanto a hacienda como a la Seguridad Social.
De modo que cuando se hacen encuestas para
valorar la popularidad de los integrantes de la familia real, no es de extrañar
que el apoyo cada vez sea menor. Y viendo cómo está el panorama, la cantidad de
desahucios y de parados, es innecesario mantener a una familia entera con un
nivel de vida que la mayoría no podríamos ni soñar.
Noelia Zazo Candil
